Social Icons

miércoles, 13 de marzo de 2013

Barcelona 4-0 AC Milan


El Barcelona jugó anoche en el Camp Nou uno de sus mejores partidos de los últimos cinco años.
Sin su líder, el entrenador Tito Vilanova, el equipo estaba siendo más cuestionado que nunca en el último lustro. Venía de perder dos partidos contra el Real Madrid, así como el partido de ida de Champions League en Milán, y todo tipo de dudas comenzaban a cernir sobre el equipo catalán.

Anoche, sin embargo, los jugadores culés dieron un paso al frente y ofrecieron una remontada que será recordada por mucho tiempo. Y entre ellos lo dio Leo Messi, igualmente cuestionado, que ofreció su versión más marciana marcando dos goles -además, los dos primeros- y completando un partido sensacional. El argentino jugó ayer de mediapunta, dejando su posición habitual a David Villa, que igualmente tuvo una noche extraordinaria y marcó el tercer gol.

Y es que el Barça presentó varias novedades tácticas. Apostó por primera vez en la temporada por una defensa de tres y jugó con Dani Alves de extremo derecho, que en realidad hacía de una especie de mediapunta por la derecha que causó muchos problemas a los italianos. Si la intensidad de los jugadores culés fue de importancia capital, esta pequeña revolución táctica también lo fue.

Pero pese a todo, y como era de esperar, los detalles marcaron el devenir del partido. En concreto uno. Corría el minuto 37 y Niang, jugador del Milan, se plantó solo delante de Víctor Valdés. Se hizo el silencio. El estadio se quedó mudo, absolutamente helado. Niang tiró y superó a Valdés pero, cosas de la vida, el balón decidió impactar en el poste y salir repelido. Si hubiera entrado, los catalanes tendrían que haber marcado cuatro goles, cosa que al final hicieron, pero que probablemente no habrían conseguido en caso de entrar ese disparo de Niang. Esto nunca lo sabremos, pero en un universo paralelo, el Barcelona está eliminado de la Champions League. Lo que sí sabemos es que el balón decidió no entrar, al contrario que el año pasado contra el Chelsea, cuando fue el Barça quien fue negado el pase a la final por parte de los postes.

Dos minutos después, Messi marcaba el segundo gol y empataba la eliminatoria. Guardiola decía hace un par de años tras perder la final de Copa contra el Madrid que, muchas veces, la línea que separa el éxito del fracaso en el fútbol es muy fina. En la vida también es así, lo que pasa es que en el fútbol hay disparos al palo, fueras de juego milimétricos o decisiones arbitrales que ilustran esta fina línea a la perfección.

Así las cosas, el Barcelona llegó a los minutos finales con un 3-0 que les clasificaba, pero el Milan estaba a tan solo un gol de eliminarles. Los italianos salieron de la cueva defensiva en la que habían estado viviendo para atacar a los culés, y los nervios comenzaron a sentirse en el Camp Nou. Fueron minutos de una gran tensión que duraron hasta que Jordi Alba, tras 90 minutos corriendo, decidió meterse un sprint de 100 metros más y marcar el cuarto gol, que provocó el delirio de todos los barcelonistas y presumiblemente convierte a este pequeño lateral izquierdo en el enemigo público número uno de los italianos. El jugador que marcó uno de los cuatro goles de la final de la Eurocopa contra la selección transalpina decidió firmar otro paralelismo para cerrar la gran noche del Barcelona, que ya tiene la remontada épica que pedía Xavi antes del partido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
Blogger Templates